jueves, 28 de mayo de 2009

ni más ni menos

I

Hacerse el muerto, dejar
que te lleve la corriente,
flotar, nunca empecinarse
en nadar contra las olas,
no tener ninguna parte
a que llegar, no viajar
con maletas ni billetes…

Eran entonces las tardes
negras como el agujero
de un pozo. Todo mi empeño
estribaba en conseguir
lo que fuera, no importaba
salud, dinero o amor,
todo lo daba por bueno
si era un buen conseguidor.
Era un puro desatino,
era un estado de alarma
continuo, una desmesura
compulsiva, una tortura,
una salvaje carrera
por llegar no sé bien dónde,
lo importante era llegar
y a ser posible el primero.

Acabé llegando, sí:
acabé en un manicomio
donde me daban pastillas
para dormir y otras hierbas
que convirtieron mis tardes
en algo un poco más gris
pero mucho menos negras.
No recordaba, recuerdo,
haber sido tan feliz
nunca. Cuando me soltaron
empecé mi nueva vida.

Fueron, aquéllas, jornadas
apacibles, amistosas
conmigo mismo. Yo estaba
cada tarde en una nube
y cada noche en un sueño.
Aprendí a perder el tiempo,
y a ganarlo, me sentía
como un niño con zapatos
nuevos. Fue por aquel tiempo
cuando empecé a hacer canciones,
a fumar en pipas de agua,
a rescatar mis neuronas
olvidadas, a tener
bueno amigos, que entonces
eran algo diferentes
a lo que fueron después:
era gente como yo,
era gente sin apaños,
sin atajos, sin derrotas
aunque siempre derrotados.

Pero no hay dicha que cien
años duren, dicen, y eso,
eso también lo probé.
Las rosas fueron espadas.
De la noche a la mañana
tornaron todas las tornas,
tronaron todos los truenos,
durmieron todos los sueños,
se aguaron todas las copas,
se afilaron los puñales,
se avinagraron los cánticos,
se esfumaron los amigos
con los que tanto soñaba.
Y supe que era un ensueño
lo de vivir por vivir.


(mañana sigo...)

3 comentarios:

amor y libertad dijo...

me ha gustado la cursiva del principio, a eso mismo aspiro, a vivir en la corriente que es todo sin entorpecerla

un abrazo

Bletisa dijo...

NO desgracia. Ni dicha ni desgracia y en ello andamos Zúñiga.
Andamos como niño con zapatos nuevos con lo que duelen.

Sigue, sigue.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

La vida nos está siempre probando. ¿Seremos el juego de alguien?
Yo sólo aspiro a levantarme sin tener nada de antemano que hacer, e ir improvisando.
Un saludo