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Era un hombre muy alto; tanto, que tropezó con una esquina y se quedó sin occipucio.
Le gustaba saberse, pero se bebía.
Mañana será otro día, dijo. Se equivocó.
Tan molesto era su aleteo que lo aplastó de un manotazo. No era una mosca.
Quien tiene un amigo no tiene dos.
Era un hombre muy alto; tanto, que tropezó con una esquina y se quedó sin occipucio.
Le gustaba saberse, pero se bebía.
Mañana será otro día, dijo. Se equivocó.
Tan molesto era su aleteo que lo aplastó de un manotazo. No era una mosca.
Quien tiene un amigo no tiene dos.