domingo, 8 de marzo de 2009

en el día de la mujer (trabajadora)

Eso de que haya días de cualquier cosa todos
los días es algo que abomino.
Y, sin embargo, adoro a las mujeres aunque tengan su día.
Pero más, mucho más, cuando no tienen
el día. Una mujer que llora me enternece.

(Ya sé que dicho así suena algo rancio y, desde luego, ajeno al techo de cristal.
Pero escuchen la historia de alto voltaje vejatorio –indigna,
aunque no censurable en los tiempos que corren–
que pudiera escribir cualquier cretino pero la he escrito yo, miren por dónde,
un poco porque sí, porque es muy cierta, y
otro poco tan sólo por llevar la contraria a la estulticia gubernamental).

“Llegó montada
en una Harley-Davis de enorme cilindrada
con enormes espejos. Unas gafas
ocultaban sus ojos almendrados.
El pañuelo que ataba a su barbilla
no era de mercadillo, y el pantalón pitillo
de cuero abrillantado tampoco parecía
ser de segunda mano. Me enamoré al instante.
¿Nos damos una vuelta? Dijo: sí.
Un ruido atronador fue lo primero
que recuerdo de ella. Luego, la lejanía.
O yo me expliqué mal o no pudo escucharme,
porque en vez de una vuelta se dio la media vuelta
y se fue como el sol cuando muere la tarde
envuelta en gases y batir de alas.
El último recuerdo fue el peor:
no me enseñó sus dientes.

Hoy, en mi cotidiano paseo en bicicleta,
me ha atropellado un coche de alta gama.
De su asiento trasero
saltó un mastín que me llenó de besos y de babas.
No pude remediarlo: aunque estaba maltrecho,
malherido, furioso, me enamoré al instante
nuevamente. Esta vez he acertado,
estoy seguro de ello. Siempre he dicho
que más vale buen perro que perrita faldera
en pantalones”.

Lo políticamente correcto no es lo mío, es fácil deducirlo.
Pero insisto: adoro a las mujeres
aunque tengan su día, como el libro o el agua.

3 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Equivoqué de sitio el comentario. Lo publiqué en la entrada anterior. Despistada que es una. Soco

Jose Luis Zúñiga dijo...

Jeje, me alegra que te guste, Soco. Este poema se me fue de las manos. Pero sé que lo sabes, lo que digo.

Perla dijo...

me encantaron las líneas del final.