miércoles, 14 de octubre de 2009

Aitor Antígona, amanuense

No se trata de ladrones ajusticiados en Arabia Saudita ni nada de eso. Aunque es un dato relativamente desconocido, hay multitud de escritores a los que les falta la mano derecha. O el brazo. Están por todas partes. Aitor Antígona, amanuense, tiene bien ganada fama en los círculos de escritores mancos de la ciudad. Escritores, todos ellos, que se precian de ser descendientes del glorioso manco. Escritores noctámbulos y egocéntricos. Caprichosos y dictadores. Anda, niño, que te voy a dictar, espabila –apremia el de esta noche–. Y escribe, hoy con pereza, Aitor Antígona:

-“Las bicicletas son para andar por casa, sólo protestarán si son patines. Las clases de guitarra que las dé otro. El verano es para el otoño. Tú no eres para mí. Las nubes ocultarán tu rostro. El resto serán voces. Los muertos gritan como los vivos. Las bicicletas chirrían y se mueren. La guitarra es un ataúd. Otro tañe sus cuerdas. Las palomas zurean sobre la barandilla. Una vez me asomé a la terraza con ánimo pecador y fue el desprecio, un mirar sin ver, un qué haces tú aquí, me daba miedo y corrí a lavarme la cara, no era una pesadilla, el tren arrancó traqueteando y no salté. No salté, porque los vivos gritan como los muertos. No salté, porque los muertos sólo gritan en ocasiones especiales; y no pensé que aquella fuera una ocasión especial, porque no lo era. Los vecinos son para la primavera, pero por desgracia la primavera no es para los vecinos. Es para los ataúdes la primavera, florecen los almendros, florecen los manzanos y los cipreses manan de las fuentes de nieve. Ni para morir, ni para soñar, ni para vivir, ni para llorar es la primavera. El ala de la gaviota traza su curva obscena. El mar se ha quedado sin olas, sin ahogados, sin algas, huérfano de arena, el mar, huérfano de aroma, el mar, huérfano de espuma. Tu rostro y el resto. Qué mar amargo, amarte. Amanece. Al alba alguien aguarda, armarios activistas acometen ataques anacrónicos, acosa algún arácnido, afloran aguaturmas amarillas, almohadas albergan angustia, almenas armadas, alacenas, al amanecer anidan alucinaciones, ay alma atormentada, aguardo adormecido ante pero para por. Y no salté”. Espera, que si no, no, no. Esto no lo copies – corta el genio volviendo en sí.

–Ya está bien, maestro –dice Aitor–, se me está atragantando con las preposiciones y encima le ha dado un ataque de monovocalismo. Esto no puede ser. Yo, en su lugar, hubiera saltado, si es que eso quiere decir algo. Saltar.

–Ay, mi niño –retoma su soniquete el manopocha–, no me vas a dejar esta noche que duerma contigo, vaquerillo mío, y te ponga una manta que así, desnudito, vas a pasar frío, y una buena almohada, y después le dirás a tu madre que te quiero aumentar la soldada, mira qué plumita, ay, qué resalada cuando resucita.

Aitor, que en verdad estaba desnudo y a ver quién explica eso, hace rápidamente su composición de lugar, me lo dice o me lo cuenta, esto es, escribo, o de verdad quiere dar rienda suelta a su mano izquierda, el mamón este. Antígona no se anda por las ramas, la pluma es lo de menos, total, mañana lo pasaré todo al disco duro, calibra. Tampoco tiene excesivas ganas de seguir escribiendo al dictado. Su reputación como amanuense tiene mucho que ver con esto: enseguida pierde las ganas de escribir y acepta gustoso otras ganancias.

– ¡Aitor, ya estoy aquí! -Grita el manco eufórico–. Al mar, esto es la guerra, viva Lepanto, aguanta, aguanta, ay.

– Qué zurda más artística, maestro –suspira remolón el amanuense–. No quiero ni pensar qué pasaría si no tuviera brazos, ni izquierdo ni derecho.

Exhausto el dictador cae sobre el niño, mi Aitorcito, amanuense, antígona amantísima, ayer, ay, ay, ay, acacias, almazaras, no tienes precio, ángel.


lo que queda: "http://jlzuni.blogspot.com/

4 comentarios:

AnaSáenz dijo...

besos y sigue pasándolo bien

Bletisa dijo...

Qué sorna, qué acidez, qué chispa. Me hacer reír mucho y te tengo que admirar ¿¿ves??
Qué bien escribes o a mí me gusta, que algunos dirán que no es lo mismo pero yo creo que sí.
¿Puedo llamarle maestro Zú desde ahora?
Lo haré, suena a Tto de respeto oriental.

Jose Zúñiga dijo...

Ana: fijate que ni pregunté si había zona wi-fi

Jose Zúñiga dijo...

Me admira que me admires, me embelesa gustarte, pero dejémoslo en Zú, Ble: soy un escribidor esforzado y aprendo más que enseño. Aunque manco no soy. No por ahora.