viernes, 15 de enero de 2010

nana para el amanecer

(Esta nana la escribí hace más de treinta años. Ahora la he vuelto a cantar. Todo vuelve)



A la rueda rueda,
mi niña,
la luna se va.
Que despunta el alba,
mi niña,
hay que dormir ya.
Llamando a la puerta,
mi niña,
el lucero está.
Aunque va cansado,
mi niña,
te quiere arrullar.

Ya viene el lechero,
ahora el panadero,
sones mañaneros
meciéndote van.
A la rueda rueda
la niña se queda
dormida, qué buena.
A la rueda va.

A la rueda rueda,
mi niña,
la luna se va.
Que despunta el alba,
mi niña,
hay que dormir ya.

A la rueda rueda,
mi niña.

jueves, 14 de enero de 2010

ro.jo, o un poema raro

(Pu..
ayer. crucé.
sema. foro. rojo.
tú. me. di
.jiste. adi. os.
brin.qué. con
momia. vladi mir

re.di.vi.
vo. yo lo vi.

vivo. vale.



"Lo que queda"
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miércoles, 13 de enero de 2010

Madrid en blanco y Leilah

Mis ojos sin tus ojos no son ojos
Miguel Hernández



Hoy leí en el periódico que un árbol centenario
ha sido derribado por el leve latido de tu aliento.

No sé quién lo plantó. El parque está cubierto
por esa blanda nieve de la tarde,
y las huellas del hombre que transita
vestido con su gorro de lana y su bufanda
y sus gafas de sol, no se ven, sólo suenan
sus crujidos de hielo.

No guardo en la memoria, por mucho que comprima
imágenes y datos, el nombre de los árboles que mueren
ni el de quien los plantó. Pero llevo escafandra,
por si acaso me pides que penetre en las aguas
heladas de tu tarde. Yo lo haría por ti.
Tú no sé si lo harías,
siempre te sumergiste a pulmón limpio
y ahora lo tienes lleno de cristales.

Y ya cuaja la nieve, y ya escudriñas
a través de la noche las vías de los trenes

o

el cauce de los ríos en la niebla

o

el armario que tienes que desmontar mañana

o

las flores que sabes que no van a brotar.

Tu mirada escudriña. Pero no son tus ojos
esos ojos que miran a los míos:
tus ojos, Leilah, que tanto me alentaban,
ahora derriban árboles y esconden madrigueras.

Pues acaba conmigo. Haz leña con mi cuerpo.
Te daré así calor y entenderemos
que ha valido la pena.

Con el leve latido de tu aliento
derríbame,  sálvame del invierno.

lunes, 11 de enero de 2010

ella (3)

.
.
Vuelvete a mí.
Cuando llegues me iré,
tanto te quiero.

---

Algunas veces
te quedas en silencio.
Muerdes las horas.

---

Tres las espinas.
Dos los cuerpos abiertos.
Uno en el otro.

---

Busco en tu orilla
el encuentro perdido.
La roca es negra.





Lo que queda:
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domingo, 10 de enero de 2010

carta a una conocida


Te escribo porque está nevando y además es domingo en Madrid,
no sé en Roma o Hamburgo, aquí es domingo de tomo y lomo
y con todas las de la ley y demás circunstancias del caso
que no hacen sino agravar el paso de las horas que resbalan.
¿Recuerdas como resbala el sudor en mi espalda?,
pues así , cosas del calendario o del vocabulario,
me pregunto por qué el domingo tiene que llamarse
domingo y no viernes por decir, o gato, o saco o roto,
lo de las convenciones sociales es lo que tiene, pero bueno,
es domingo y te escribo por eso y porque nieva y qué otra cosa
puedo decirte, la situación es extrema,
las calles siguen llenas de gente, se han lanzado
al asalto de la perfumerías en pleno exceso de protuberancias,
hace un rato leía a Robert Waltser pero ya no,
he salido por piernas por si las moscas, y los gatos
en su callejón que ni maúllan, dime,
¿qué tal te va, ¿te queda piel, sombrero?, ¿tienes hambre?

Te escribo a ti, preciosa, a nadie más, a ti que mereciste
ser llamada virgen entre las vírgenes, comparto cada trago
de abismo con el profeta aquel de los leones
y contigo, no pienses que estoy triste porque nieva,
no pienses que me voy a tirar por la ventana,
se me olvidó decirte, ayer
me quedé manco por culpa de unos tristes
muertos que maté primero pero luego no,
entonces cuando recibas ésta espero que estés bien,
y ya está todo escrito, estaba escrito,
no sé por qué te escribo si ya todo está escrito.

Duerme mucho. Te llamo un día de estos, cuando escampe.

sábado, 9 de enero de 2010

... y a ti te encontré en la calle

.
Nacerse o enterrarse
son cosas serias como
para dejar que alguien
lo haga por ti:
no dejes que te nazcan,
no dejes que te entierren,
hazlo tú mismo.

---

Los vínculos de sangre
son un nudo gordiano.
Esa especie de circo
que llamamos familia
no la encontré, me vino.
En feliz hora me deshice de ella.

---

Ahora tengo a mi gente,
mis amores. Este amor tuyo
que encontré en la calle
no me mata, me vive.

---

Son un nudo gordiano,
las familias. Los vínculos
de sangre, una falacia.

Hay que sacar el hacha.
.

viernes, 8 de enero de 2010

el sanatorio del Doctor León

Me asalta
con frecuencia la sospecha
de que debo estar loco,
no loco de remate,
sólo un poco
majara, lo justito
para que me señalen
con el dedo.

Estuve
hace algún tiempo
loco no, con la depre,
y después de tres meses
de tequila,
sangre,
sudor
y lágrimas
y lavados de estómago,
me fui con esa música
a otra parte: al siquiátrico,
o sea, al manicomio.

El sanatorio del doctor León.

Fui muy feliz allí,
las cosas como son.
En realidad
la depre es poca cosa
comparado con lo que se ventila
en esas casas de misericordia,
pero yo tuve suerte,
la gente era tranquila,
amable.

Incluso a veces
me pareció en exceso
comedida.

Fueron muy pocos días.
Salí como una rosa
y así sigo,
pero quiero volver.
Y es que los cuerdos
no me gustan un pijo.

O será que son ellos
los majara.

jueves, 7 de enero de 2010

juego amatorio

.
Casi no me dio tiempo ni a mirarte.
Me quitaste sin más la camiseta,
abriste a dentelladas mi bragueta
y comiste mi polla hasta saciarte.

El polvo fue un buen polvo. Todo un arte
tus modos al cargarme la escopeta
con pólvora que embrida mas no aprieta.
Así empezó: ya sólo sé follarte.

Empolvada y con medias te poseo,
te desgarro las bragas, se derrama
mi lava seminal sobre tu boca.

Dando cumplida cuenta a tu deseo
mi enloquecido falo gime, brama,
se agita, se agiganta, apunta, emboca.

miércoles, 6 de enero de 2010

mi regalo de reyes



Voy a olvidarme por un momento de Leilah. Esta canción me la ha cantado mi chica, María Pasión para el mundo, en la noche de reyes y quiero compartirla con vosotros. Cinco minutos, ay.

Cinco minutos más vieja
y los pasé junto a ti,
cinco minutos de vida
que me diste y que te di.

Cinco minutos tan sólo,
Dios mío, ni los sentí!
Así que pasen las horas,
así que pasen los días,
así que pasen los años,
quiero envejecer a gusto.

Quiero envejecer a gusto,
envejecer junto a ti.



martes, 5 de enero de 2010

a mi manera

.
Vengo
de un velatorio
nada grave,
sólo un muerto
que me recuerda
a todos
los difuntos
que un día

se acordarán de mí.

lunes, 4 de enero de 2010

Leilah en el lienzo

En el lienzo tan blanco tú apareces
apenas enfocada,
como un punto perdido en el rectángulo.

Y eres y vas, punto final.

Tan desnuda eres tú, tanto sin nada
en las manos que tienden a ser todo,
que dejaste este charco
con mango de paraguas en la nieve.

Era un simple paraguas color rojo

pero es sangre, tu sangre derramada,
tu mirada encharcada sobre el crimen
no soporta las huellas del anónimo.

Y vas. Y estás. Punto y final.

Artesa de las lágrimas del mundo
que nunca abandonaste, hoy eres hielo,
mi Leilah acogedora.

Yo voy a plantar piedras en el páramo.
.

domingo, 3 de enero de 2010

mi abecedario (de la P a la S)

.
P
Perdición, negra suerte la mía,
me he quedado sin pilas justo ahora
que empezaba a perder.


Q
Querida mía:
que te zurza
quien mejor te cosa.


R
Rulan las aguas,
riela la luna,
rompen las lágrimas.

S
S
alvo alguna mañana
(sueles ser mañanera)
siempre andas suspirando,
siempre me dejas
sollozos en la cama:
son tus abrazos como
sangre de pato
salpicándome.



"Lo que queda"http://jlzuni.blogspot.com/


sábado, 2 de enero de 2010

una necrológica

Jeff Bernard alcanzó fama internacional en 1989, cuando Keith Waterhouse llevó su biografía al teatro con Peter O’Toole en el papel del excéntrico columnista en perenne resaca. La obra Jeff Bernard is Unwell ("Jeffrey Bernard está indispuesto", una referencia a la frecuente nota de redacción con la que The Spectator disimulaba el hecho de que no había una columna de Bernard porque éste estaba –otra vez– demasiado borracho como para entregarla antes del cierre de la edición) es un sórdido cóctel de reminiscencias del Soho y postales caóticas de una gran angustia existencial. Todas ellas con el trasfondo de un humor negro muy propio que hicieron de sus dos únicos libros, ambos sobre hípica (Talking Horses, 1987, y Tales from the Turf, 1991), una lectura obligatoria para los amantes de ese deporte y juego de azar, así como por los nostálgicos de una era de costumbres evidentemente perjudiciales pero sin duda más atractivas que muchas de las distracciones tecnológicas que ofrece el mundo de hoy.

A los pocos días de la muerte de Jeff, Santiago Segurola se explayó de lo lindo en la edición nacional de El País: “El Barça hizo caja en Mestalla con una eficacia superlativa y con un juego discretísimo. Sólo ofreció algunos apuntes al final del partido. Pero fue una aparición un poco ventajista, porque el Valencia se había autodestruido antes: en los tres goles que concedió graciosamente, en la expulsión de Carboni en el primer tiempo, en la esterilidad de sus numerosos remates”. El Valencia perdió cero a tres en su campo, y eso que estaba Zubi de portero. Para ser más exactos, la alineación completa del Valencia fue: Zubizarreta, Angloma, Cáceres, Javi Navarro, Carboni (Juanfran, m. 46), Farinós, Milla, Gerard, Del Solar, Saib y Marcelino. Pues bien, “todo lo que sucedió en el partido lo protagonizó el Valencia. Lo bueno, que fue bastante, y lo malo, que fue poco pero decisivo. Si el equipo fue generoso para jugar y tuvo recursos para tapar los agujeros de los ausentes, el Valencia fue víctima de su tendencia autodestructiva”, concluía Segurola.

Aquel mismo día, en la edición de Madrid de El País, y sólo en ésa, J. C. Gumucio firmaba una necrológica que nadie leyó, según el EGM (Estudio General de Medios). Así que ahora la transcribo, porque estoy seguro de que merece la pena que alguien la lea (no puedo estar tan seguro de que esto realmente vaya a suceder, vale). Dice:

A los adictos a la columna Low Life, el espacio que el ultraconservador semanario londinense The Spectator dedicaba a lo que queda de la antigua bohemia del Soho, no les sorprendió para nada que la última entrega de su célebre corresponsal, Jeffrey Bernard, fuera en realidad una despedida. Esta vez en serio: “La semana pasada no asistí a mi sesión de diálisis y creo que no lo haré más”, escribió Bernard. Siete días más tarde, el sábado pasado, fuera del hospital, en su propia cama, Bernard, de 65 años, pidió un cigarrillo, una copa de vodka con soda y limón y, rodeado de unos cuantos amigos, se puso a morir. Tras una vida de alcohol, tabaco, mujeres, apuestas y juerga permanente que sorprendentemente produjo un espléndido cóctel de ingenio periodístico, Jeffrey Bernard expiró no sin antes bromear que “Dios se quedará sorprendido. Voy a llegar con bastante retraso”.

“Hace ya tiempo que Bernard, el último poeta del Soho, estaba con un pie en la tumba. De hecho, sus columnas comenzaron hace tiempo a ser descritas como un suicidio por entregas. Desde que le amputaron una pierna por complicaciones diabéticas hace cuatro años, su miembro o, mejor dicho, la falta de él, le dio una veta para trabajos humorísticos a primera vista, pero seriamente ubicados en un plano filosófico y cáustico muy particular. Gran parte de sus artículos fueron concebidos en las largas sesiones diarias de alcohol en el decrépito pub Coach and Horses, de la Greek Street, donde pasó buena parte de su vida discutiendo con artistas como Francis Bacon o John Minton, o en el no muy distante y mejor dotado bar del Groucho Club, donde se le trataba como a un rey”.

“Para Bernard, la medicina era una dictadura, la generación de escritores modernos una imparable fuente de tedio y la botella y media de vodka por día, amén de sesenta o más cigarrillos, el único bálsamo contra los charlatanes. La desastrosa vida privada de este hombre de clase media que incluso mucho después de perder su aspecto de galán de cine seguía conquistando damas (Jeff tuvo muchas esposas, incluyendo cuatro propias, solían apuntar sus amigos), fascinaba a los británicos: devoraban sus columnas porque explicaban la depresión y contenían recetas para sacar el máximo provecho a la ruina física”.

Debo reconocer que como nota necrológica no está mal. Pena de necrólogos -¿necrologistas?-, que hubieran podido lucirse por entonces tanto como Santiago Segurola en sus crónicas futbolísticas. Porque en aquel marzo de mil novecientos noventa y nueve murieron, uno trás otro, Stanley Kubrick, Guayasamín, Yehudi Menuhin, Bioy Casares, Goytisolo (José Agustín) y Juanita Reina. Casi nada. La cosecha de Rioja de ese mismo año mereció el calificativo de excelente.


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viernes, 1 de enero de 2010

(re)capitulación

Será el apocalipsis,
la sinapsis
caerá
como una blanca
página madura,
se adueñará del diccionario,
serpiente, madre, hortensia,
los besos que nos dimos.

–¡No, hipérbole!, dirán.

Consentiré,
porque no están los tiempos
para hacer tonterías.


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