Te escribo porque está nevando y además es domingo en Madrid,
no sé en Roma o Hamburgo, aquí es domingo de tomo y lomo
y con todas las de la ley y demás circunstancias del caso
que no hacen sino agravar el paso de las horas que resbalan.
¿Recuerdas como resbala el sudor en mi espalda?,
pues así , cosas del calendario o del vocabulario,
me pregunto por qué el domingo tiene que llamarse
domingo y no viernes por decir, o gato, o saco o roto,
lo de las convenciones sociales es lo que tiene, pero bueno,
es domingo y te escribo por eso y porque nieva y qué otra cosa
puedo decirte, la situación es extrema,
las calles siguen llenas de gente, se han lanzado
al asalto de la perfumerías en pleno exceso de protuberancias,
hace un rato leía a Robert Waltser pero ya no,
he salido por piernas por si las moscas, y los gatos
en su callejón que ni maúllan, dime,
¿qué tal te va, ¿te queda piel, sombrero?, ¿tienes hambre?
Te escribo a ti, preciosa, a nadie más, a ti que mereciste
ser llamada virgen entre las vírgenes, comparto cada trago
de abismo con el profeta aquel de los leones
y contigo, no pienses que estoy triste porque nieva,
no pienses que me voy a tirar por la ventana,
se me olvidó decirte, ayer
me quedé manco por culpa de unos tristes
muertos que maté primero pero luego no,
entonces cuando recibas ésta espero que estés bien,
y ya está todo escrito, estaba escrito,
no sé por qué te escribo si ya todo está escrito.
Duerme mucho. Te llamo un día de estos, cuando escampe.