lunes, 14 de marzo de 2011

relato dominical

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Pasa frente al portalón grande de la casa. Hay dos niñas sentadas en la bancada de piedra, junto a unas hortensias. Pasea lentamente, el viejo, sofocado. Se detiene un momento. Observa el dibujo de los tirabuzones rubios, el viejo. Una mariamulata vuela raso. La que parece mayor de las dos niñas se levanta. Comenta algo a la otra, hace señas hacia la ventana más próxima a la puerta, sale brincando. La que parece más pequeña mira al hombre, le dedica una canción con tenue vocecilla. Levanta su mano hacia el sombrero el viejo: Buenos días, le dice. No corre aire. Hola, contesta ella. Qué día más bonito, ¿verdad?, y sigue el viejo andando.

En la siguiente casa, que parece un buchinche, más allá del arbusto que marca el final del sendero, otra mariamulata está picoteando los despojos del gato y otras niñas hablan de cosas con cautela. Las greñas de su pelo le llaman la atención. Acorta el paso. Sigue por un camino ralo que conduce hacia el castillo. Flanqueado por unos robles bajos, en cuesta, sube cansinamente. Nuevamente levanta su mano, saluda hacia algún sitio y se quita el sombrero. Se airea. Gotas de sudor mínimas perlan sus labios. Sube. Pronto debe sentarse sobre el polvo. Hoy es domingo, piensa, y los domingos son para descansar, es una lástima no haber traído el abanico, bueno. Piensa también en las dos niñas de las trenzas y en las dos de extramuros. Qué extraño, nunca las vi, nunca las vi antes de hoy. Cansado, se levanta y retorna. Una mariamulata se cruza en el camino. Quita, apártate de aquí, pájaro inmundo. Se posa en su hombro el pájaro con furioso aleteo. Vaya, murmura, qué domingo más raro. Vuelve a verlas, a las niñas morenas, esta vez oye gritos dentro de la casuca. Una riña doméstica, sin duda. La bronca voz de una mujer irrumpe en el bochorno. Le gustaría acercarse, pero en su caserón está esperando una mesa dispuesta especialmente porque hoy tiene invitados.

Ya de buena mañana, el servicio ha atendido sus instrucciones, siempre tan atinadas, las mismas instrucciones que atiende el servicio cualquier mañana de domingo cuando el señor tiene invitados, como hoy. Vuelve a ponerse el panamá. Le gustaría entrar en esa casa con aire de buchinche, sí, con esos gritos, las niñas que imagina sucias, la mujer que reclama cualquier clase de ayuda. Una pluma de mariamulata le nubla la vista fugazmente. El trote es ahora llevadero. Las niñas de los bucles, la mata divisoria, otra vez. A lo lejos, los invitados comienzan a llegar. Se queda con las ganas de entrar al garito, pero es que hoy es domingo, tal vez si fuera lunes o miércoles… Le asalta una bocanada de calor y le parece oír, mezclado con los voceríos de la mujer, el sonido ya casi olvidado de una marimba de tecomates. Qué diablos, dice, y arroja hacia la copa del roble más lejano su sombrero, que se pierde en el aire. No sin un cierto pálpito se alivia del chaleco y desabotona la camisa blanca.  Se descalza, hace un gurruño con los pantalones, echa a andar cuesta arriba nuevamente. Hay tres mariamulatas que le siguen graznando. Se quita, ahora ya con ansión, la ropa que le queda y así, como una marimonda fuera de lugar, corre estremecido a besar a las nenitas rubias. Las nenas huyen despavoridas. Mejor. Mira el cielo, azul, como ha de ser, susurra, y busca a la mujer de enormes pechos, adivina, y olores penetrantes, allá, por donde canta la marimba. Hoy no es domingo, grita, que hoy es fiesta.

[paseo]


12 comentarios:

Jesús Arroyo dijo...

Jose:
No me gusta la mariamulata. No me gusta porque es como la "pega"
Abrazos, escritor.

Cita dijo...

Lo mejor de los paseos es no dejar escapar ningun detalle de lo que pasa a tu alrededor. Alimentarse de todo eso es llegar sin hambre a casa. Crear inquietudes, a pesar de nuestra edad es lo que tendríamos que hacer todos.
Besitos señor Zúñiga.
Cita

Laura Caro dijo...

Está tan bien descrito que de pronto me vi dentro de la escena, observándola. Y a mí también me molestó el pajarraco.
Gracias por compartir.
Un abrazo enorme.

Begoña Leonardo dijo...

Jopeta!!! con la prosa del maestro, me encantó, gracias.
Besito

José María Alloza dijo...

Me suena como una escritura americana al ritmo Zuñi.
¡Me encanta!
Dos abrazos, que es domingo, por lo menos cuando lo leí la primera vez.

Leonel Licea dijo...

Nada mejor que romper con las rutinas del domingo, en el fondo, si no lo hacemos, suelen ser muy aburridos, aunque como dice arroyo, las mariamulatas (si son las que en Cuba llamamos hurracas) tampoco me gustan.
Un abrazo Jose.
Leo

jorge dijo...

Me ha parecido como esos sueños que por mucho que te empeñas no sucede lo que quieres.

Siempre he preferido las fiestas a los domingos "andevasaparar".

Rosg. dijo...

Yo paseaba tranquilamente al lado del viejo, solo que no he visto las mariamulatas. Pero ellas también estaban paseando y tienen derecho. En realidad son el hilo que cose el relato.

Fantástico día festivo picado de locura.

Saludos.

María Socorro Luis dijo...

Me gusta.
También me recuerdan, como a José María, esos relatos americanos - de Carver por ejemplo - , que aparentemente no tienen argumento, y sin embargo dicen mucho.

Muxus, beti

Rafael dijo...

Este aire del otro lado del Atlántico, el calor. Ganas entran de desabrocharse un par de botones de la camisa (y eso que ahora mismo afuera llueve a mares).
A medida que leía iba imaginando otro final, ante la casa, cuando duda en si entrar o no:
Qué diablos, y con paso decidido cruza el linde del camino, abre los brazos hacia las niñas, sorprendidas, las niñas que cada día le veían pasar ante su casa camino del castillo, el castillo que ellas nunca pisarían. Los brazos de él se extienden como las alas de una mariamulata contra el sol. Dudan, se miran; la mayor aprieta los labios y corre hacia los brazos extendidos; "Papá" dice mientras lloran los tres.
Abrazos

virgi dijo...

¿Un paréntesis sudamericano?
Pues lo clavaste, me llegó hasta el calor.
¡Uf, besos!

SIL dijo...

Tu relato pinta una postal de domingo, con todo el color y la contraluz que éso implica.

ABRAZO, escritor !!

SIL