domingo, 28 de febrero de 2010

patio

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Me asomo a la ventana
y veo otras ventanas.
Ladra un perro.
Suenan desaforados altavoces
en casa del vecino
con eco de paredes desconchadas.
Los visilllos
no esconden mariposas
ni crisálidas,
sólo muertos en vida,
sólo vidas de muerto.

Tal vez
somos nosotros.

pintadas

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Estaba batania.
Al verlo pensé: "Dios mío,
que solos se quedan los muros
cuando no hay pintadas".

sábado, 27 de febrero de 2010

S.O.S.

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No necesito auxilio,
sólo arroz.

Mejor si es con marisco,
que se jodan las gambas.

Arroz sin esperanza,
irremediable, atroz.

SOS


lejos

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Oh, sí, lejos, muy lejos, tanto como tu luz y mis tinieblas, allá donde se juntan las almas y los cuerpos, las almas desalmadas, los cuerpos incorpóreos, todo suelto y revuelto, allá

lejos, muy lejos, más allá de la esquina, detrás de los fantasmas y las velas de los diablos azules, entre tercio y mitad, entre voz y silencio,

lejos, muy lejos, lejos de nuestro encuentro, de nuestros desencuentros, lejos de todo aquello que fue nuestro, donde todo lo nuestro se sorprende, se duerme,

lejos de ti, de mí, tan lejos de la sombra y de la estrella que sólo atisbo tierras siderales, no, más allá, más lejos, ni galaxia me queda, hoy se ha perdido el universo entero, donde el túnel es blanco y el pozo amarillea, allá,

lejos, muy lejos de ya cualquier miseria, de todos los enjambres, de todas las abejas, de todos los enjuagues, de todos los jamelgos, de todos los jilgueros, de todas las calandrias y sus cantos y de toda la hambruna con sus moscas.

Lejos, donde nadie me encuentre.

Lejos, donde habite en mis huesos.

Lejos, Donde no tenga tumba
ni remedio.

Allá, allá lejos,
donde habita el olvido.

paparruchadas

Hoy, sin saberlo, estuve en los diablos azules, aunque llegué una hora menos en Canarias, y eso que venía de Escocia, bueno, no pude oír el recital pero saludé a los poetas.

Tal vez sea más importante. Saludar es siempre saludable y algo se pega. Como estaba a desmano, a deshora y a destiempo y, para qué nos vamos a engañar, tampoco nadie me hacía mucho caso (algo normal en mí), me puse a escribir en el tumulto. Todo se pega, digo, bueno o malo. Y ahora transcribo tal cual lo que escribí. En los márgenes de una revista, primero (naturalmente, no llevaba papel, y en el wáter no había); y en unos folios que me dio Nares (con sus poemas!), después.

Voy a colgar la primera paparruchada que me salió. Paciencia. Van después como diez paparruchadas más que perpetré en la mesa del garito. Yo no me corto un pelo, que ya no tengo edad. Per amarti. Non ho l’etá o como se diga lo que cantaba la Cinquetti o como se escriba.

A por ellos.

viernes, 26 de febrero de 2010

amor a espuertas

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Como pudiera hacerlo
el sol a la lechuza,
la gorra a los cabestros,
los labios a la taza,
el chocolate al huevo,
los churros al gratén,
las olas a las rocas,
los ojos a las lágrimas,
el aguacero
al paraguas abierto,
el pájaro a las jaulas,
la espalda al pecho,
la sangre a la vendimia,
la mano al caballero
o a la dama ofendida,
el guante blanco
a las delicias turcas,
la risa a los sombreros,
los peatones
a los pasos de cebra,

la habitación, la nuestra,
la
habitación
a ti,

así
te quiero.

jueves, 25 de febrero de 2010

amor que no

A una bella durmiente ya lejana.


Puede pensar lo que quiera
que a mí me da igual.

Puede coger una perra,
una riñonera, un medio limón,
una luna llena, un gato lisiado,
un tren, una alfombra
persa o una manta,
me da igual que vaya
al fondo de todo o al fondo de nada
o al término medio o al otro hemisferio,
al Ártico, al vértigo, a la cana al aire,
es que me da igual si viene o si va.

Me da igual que tenga
un saco en las piernas, un globo terráqueo,
un vientre de alfalfa o un vientre de barro,
una cantinela, canela a dos velas,
tela, tela, tela, me la trae al pairo.

Señora, no es hora de venir a cuento,
a cuento de qué, vamos, digo yo,
que usted se ha metido
en tantas camisas que no quedan varas,
en tantos entierros que no quedan muertos,
en tantos pasteles que no queda harina,
en tantos idilios que no quedan cuernos,
en tantos misterios que hay sólo obviedad.

Aquí no se meta. Bueno, me da igual,
por mucho que enrede, que busque, que apriete,
no me va a encontrar.

callejero, 35: calle de Apodaca

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Se rima fácil:
unos diablos azules
de toma y daca.



callejero, 34: calle de la Libertad


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Antes decíamos:
libertad, para qué.
Ahora se canta.

miércoles, 24 de febrero de 2010

callejero, 33: paseo de la Ilustración

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Filosofía
de hamburguesa y frituras.
Vuelve a tu pecho.




"lo que queda":

http://jlzuni.blogspot.com/

martes, 23 de febrero de 2010

callejero, 32: paseo de La Castellana

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Dejó el castillo,
salió a dar una vuelta,
cayó en la fosa.

lunes, 22 de febrero de 2010

callejero, 31: calle de los Mancebos

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La mancebía
salió de allí corriendo:
no hubo perdón.


lo que queda: "http://jlzuni.blogspot.com/

domingo, 21 de febrero de 2010

garrote

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Mientras tanto los huesos de la espalda
son el café con leche y no hay azúcar
ni cucharilla para revolver
los manotazos de esos ojos glaucos
de la manufactura de Taiwan
que a saber cómo, cuándo, en qué momento,
brother,
serán paralelípedos sin moscas
ni cuándo, cómo, en qué leches cortadas
vendrán a redimir toda las cuentas
de las burbujas esas del fantasma
de todos los castillos.

Me voy a descansar. La costa brava
es muy recomendable para los indecisos
y los muertos. Y ser muerto indeciso
no es una buena cosa, brother,
ya te digo,
qué te voy a decir que tú no sepas.

Tengo cara de negro.
Cara de buey, de caradura bueno,
de estatua sin remedio
en el destajo, de blando, qué silencio,
qué hastío,
los marcos de los cuadros no son los apropiados,
los libros apiñados que se cagan en mí,
los muebles viejos cañerías
plomizas, y nieva, pero nieva de nieve,
qué vas a saber tú de tanto polvo
atravesado de paneles
voltaicos,
protésicos,
amnésicos,
moribundos muertos,
mil veces muertos de vacar de vacas.

Y sentencio el garrote.

sábado, 20 de febrero de 2010

el poeta se siente desolado casi al alba

¡Ay, náufrago sin sol! ¡Ay, jarcia rota!
¡Ay, corazón inerme del soldado!
¡Ay, mortífero dardo envenenado!
¡Ay, espiral sin fin de la derrota!

Ella bate sus alas de gaviota,
señora y reina del acantilado;
yo cuento las estrellas, estrellado,
apurando el insomnio gota a gota.

Una estrella se esconde en los balcones
de la noche. El rey de corazones
se derrite, se agita y da un portazo.

Oscurece la luna en su regazo;
las cenizas se cubren de algodones:
Ya se afloja la cincha del abrazo.