A una bella durmiente ya lejana.
Puede pensar lo que quiera
que a mí me da igual.
Puede coger una perra,
una riñonera, un medio limón,
una luna llena, un gato lisiado,
un tren, una alfombra
persa o una manta,
me da igual que vaya
al fondo de todo o al fondo de nada
o al término medio o al otro hemisferio,
al Ártico, al vértigo, a la cana al aire,
es que me da igual si viene o si va.
Me da igual que tenga
un saco en las piernas, un globo terráqueo,
un vientre de alfalfa o un vientre de barro,
una cantinela, canela a dos velas,
tela, tela, tela, me la trae al pairo.
Señora, no es hora de venir a cuento,
a cuento de qué, vamos, digo yo,
que usted se ha metido
en tantas camisas que no quedan varas,
en tantos entierros que no quedan muertos,
en tantos pasteles que no queda harina,
en tantos idilios que no quedan cuernos,
en tantos misterios que hay sólo obviedad.
Aquí no se meta. Bueno, me da igual,
por mucho que enrede, que busque, que apriete,
no me va a encontrar.