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viernes, 19 de febrero de 2010

nota en mi cuaderno de notas

Mi amor no se redime con un Gloria,
necesito un Magnificat,
y eso es mucho pedir para quien nunca
tuvo un coro de vírgenes.

Esto lo escribo
mientras escucho la Novena de Mahler,
su fuga hacia la nada, su estruendoso
calderón de silencio. El auditorio
tose, esa es mi redención.


Lo que queda
http://jlzuni.blogspot.com/

viernes, 22 de enero de 2010

secuela manriqueña

.
.
ni todos los sauces lloran
ni viaja siempre la muerte
con guadaña
ni avisa el sepulturero
ni añoran los ataúdes
cementerios
tañen a muerto en las altas
espadañas las campanas
cuando quieren
las cigüeñas van y vienen
de París a Barcelona
en jet privado

el plomo lastra sus alas
el hatillo de sus picos
va preñado
de opúsculos fecundados
en cristal in vitro en vidrio
en castellano.


"Lo que queda"http://jlzuni.blogspot.com/

miércoles, 30 de septiembre de 2009

cuestión de acentos

.

Tu estar, cuando tú estás
en el cuarto de estar,
es un mero tostar:
tuestas tostadas
para la hora del
té, y luego te
las comes.
Yo nada
hago
que
no

sea esperar;
espero a que te tuestes
y, tostada,
tú estés de vuelta a mí.
Cuestión de acentos.
.

jueves, 23 de julio de 2009

las 230.000 palabras de Bletisa

Circunflejo paráfrasis
sintaxis diplopía
recodos ignominia
tuneo desacuerdo
retroiluminación
dismorfias agenesias
maltrecho
deshabituallamiento.

Doscientas treinta mil
palabras de Bletisa
que he logrado atisbar
muy por encima
y que aquí corto y pego
sin saber cómo siguen
ni adónde llevarán.
230.000
palabras aún no dichas
(eso dice la amiga)
pero que bien seguro
que habrá que repetirlas
sin escrúpulos.
Ahora mismo me pongo
con varios diccionarios,
aunque eso del recodo
me suena algo a camino
y tampoco me quedo
mudo con la sintaxis.
No del todo.

Habrá que hacer paráfrasis
de Verdi, como Lizst,
y en cuanto a la ignominia
la siento cada día
al abrir el periódico.
Acento circunflejo,
cuán ajeno
y sin embargo próximo.

En fin, me he embotellado
y he quedado maltrecho.
Me voy al diccionario
y a la cama,
no me vaya a pillar
una agenesia.

martes, 19 de mayo de 2009

de aquí a la eternidad

Te juré amor eterno, y eso es algo
difícil de cumplir.
Hasta aquí hemos llegado
juntos: hasta la muerte,
juntos en la salud
y en la enfermedad hasta
que alguna muerte nos separe.
Después,
ya no hay eternidad que valga.
Y ha llegado el momento, me ha llegado,
así que me despido antes de que te ahogues
en un baño de lágrimas.
En cuanto a mis cenizas, no las guardes,
échalas por el váter.
Y no olvides tirar de la cadena.

jueves, 16 de abril de 2009

polisemias

A veces me recuerda
polígamo a políglota.
No soy la biblia en verso,
pero soy razonable-
mente acomodaticio
con mis entenderas:
lo que entiendo lo entiendo
y lo que no, pues no.
Soy así de tarugo.
Y no tengo el complejo
de no saber idiomas
porque tengo respuestas
para cualquier pregunta.
¿Que me hablas en inglés?
Aisei ailoftumach.
¿Que en griego? Mi andromaquia.
¿Que en francés? Monamur.
¿Que en chino? Ideograma
Hasta alemán respondo:
subanestrujenbajen
(tal vez falte una diéresis).
No me pillas: no entiendo,
pero tengo respuestas
para todas tus trampas.
Ya te digo
que a veces me recuerda políglota a polígamo.

martes, 14 de abril de 2009

hoy, 14 de abril

Hoy, 14 de abril, me he levantado
con mal sabor de boca.

Estos que son ahora
versos de penitencia fueron antes
cánticos de victoria.

Se burla la memoria
de los vencidos. Pero entonces
todo estaba más claro.

¿Comprenderéis si os digo
que yo no me acomodo
ni me tapo los ojos?
¿Tendréis
ganas de hablar de aquel fracaso?

Me gustaría. Vuelvo
sobre mis pasos. Vivo.

Y quisiera que todos
fundierais vuestros brazos,
alzarais vuestras voces
y dijerais que sí,
que aún estamos a tiempo.

Me gustaría. Digo:
no todo está perdido
todavía.

martes, 31 de marzo de 2009

manifiesto

Láminas de acero. Clamor uniforme.
Unánime invierno. Inane, traspuesto,
no pienso rendirme. Ahí me las den todas.
A todos y todas os digo: ya es hora
de que se nos oiga. Tan sólo un susurro:
basta, basta, basta. Nos sobran estatuas.

jueves, 26 de marzo de 2009

borracho con luna

Hoy he visto llorar a un borracho
a la luz de la luna;
llorando, ha extendido sus brazos
y ha besado un farol.
Yo le he dicho gritando a lo lejos
que por qué lloraba.
“¿Qué por qué, mi viejo?
Es por esa luna
que se ve allá arriba:
la quiero tocar”.

sábado, 21 de febrero de 2009

tes mains

Embridan
el alborozo del cristal tus manos,
manos de sordomuda, manos célibes,
anémonas ahogadas en la quietud del claustro.
Oh, quién pudiera atesorar sus índices,
las uñas transparentes,
todos los caballeros de la mano en el pecho
de envidia morirían.

Caballos cabalgando
en el centro nocturno de los sueños.
Lágrimas
que jamás serán luna:
difuminan las manos todos los horizontes.

Gilbert Becaud te conoció borracha
palpando soledades en St. Germain des Près.
Tes mains. Un tanto disoluta tu vida
en aquel tiempo,
quebrar gargantas ahuyentar espasmos,
al fin llegaste al hospital oscuro de les Halles.

Nada se pudo hacer
para salvar tus manos de la extrema agonía.
Pero (fue al tercer día) en el corazón mismo
de las flores naciste nuevamente.

Y yo adoro tus manos como se adora al sol.
Y yo bebo en el profundo cuenco de tus manos agua.
Y en tus manos esboza una plegaria el viento.
Y tus manos acogen los pétalos más suaves.
Porque todas las rosas del universo han ido
a perfumar tus manos.

sábado, 7 de febrero de 2009

también las crisálidas buscan su ataúd

Finalmente sentados,
barro, arcilla,
nuestros cuerpos desnudos
esculturas grotescas,
móviles, mancilladas,
esculturas tal vez
sencillamente postmodernas,
polvo bajo la lluvia
en medio de un silencio
sucio, silencio amarillento
–cobarde es la palabra–,
lodo, sí, barrizal,
esclerótico
y un grito electrizado
invadiendo neuronas
una vez más en pleno
deterioro.


Más tarde aquella ráfaga
de plomo, aire sería,
nos adentró sumisos
en el mismo epicentro
de otras gentes perdidas.
Yo tuve miedo y tú
simplemente aferraste
mis manos temblorosas
y así, juntos y sucios,
vagamos cierto tiempo
buscando yo no sé,
acaso tú lo sabes,
buscando una quimera,
oro, oro,
buscadores de oro
en California éramos:
por eso enlodazados
y en el pecho colgando
una medalla,
en tus pechos diamante,
en mis huesos un trozo
de metal.
...Mas el agua,
llegó el agua una tarde.
Aquel abedul triste
fue atravesado al pronto
por el sol otoñal
y fue súbito el vuelo
de los agazapados
mirlos blancos.
(Qué anacrónico todo).


Oh, prodigio de fe,
Oh, nostalgia bendita!
Desnudos, desvalidos,
desvencijados cuerpos,
un torrente de hálitos
brotando en las galaxias,
milagrosa presencia
de horizontes.
Años luz recorrimos,
el barrizal de antaño
es hielo luminoso,
lacerante. Nacimos
en días venideros:
no son estos momentos
propicios al recuerdo.
Estatuas, sí,
pero después de todo
cinceladas en plata,
bellas en fin, llamadas
a ocupar su lugar
en el museo,
que suscitan sosiego,
que reclaman un alto
al visitante. El mármol
de los ojos, admirables,
se adueña de las salas.
Yo, sentado a tus pies
en escabel asiático...
Es una obra maestra
nuestro grupo escultórico
en la vitrina tenue.


...Somos ninfas, crisálidas,
gusanitos de seda,
espinas de un rosal
no florecido aún.
Pero yo estoy contigo.
Digo.
Me desdigo.
Contigo no,
estoy en ti, soy yo
tu propia espina.
Somos un puro embrión,
boceto apenas, tímida
pincelada de luz:
el cenit no es lo nuestro,
pero tampoco es cosa
de andar buscando a ciegas
la alborada. Lo dije:
ninfas somos, crisálidas
buscando un ataúd
–Oh dios, qué injusto eres–
porque quién va a negarme
que también las crisálidas
mueren a veces, mueren
sin alcanzar la luz.