miércoles, 31 de marzo de 2010

romance del perdido sin remedio (y 3)

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Fluye el río de aguas mansas
en pos del cercano ocaso,
sin tumbas que lo amortigüen
ni cipreses en el páramo.
El aire, que ya no es aire,
arrastra densos presagios
que inquietan al caminante.
¡Ay, qué aliento en el costado!
¡Ay, en el centro qué llagas!
Los muertos, los olvidados,
los perros de mala baba,
los sanguinarios, los bárbaros,
forman de a tres. Frente a frente,
la muralla va cercándolo
con sus llagas en el centro
y su aliento descentrado.
Los puños se despellejan.
Cae la noche. Sigue andando
bajo un cielo sin estrellas.
El camino se ha estrellado.

¿Qué oscuridades te aguardan,
caminante? No hay camino.
Ni mares. Ni cementerios.
Ni olivares.
                 Sólo atino
a pisar cantos rodados,
no piedras de bravo filo
que pudieran desangrarme
tanta sangre que me ha herido,
no rastrojos inclementes,
no aguijones de cuchillos
acerados, no alacranes
venenosos. Sólo piso
caminos de caminantes
que no van a ningún sitio.
Sólo un rumor me acompaña
donde debiera haber gritos
de rabia, de tanta furia,
de tanto dolor cansino.
¡Dónde, dónde el cementerio
que acoja mis restos tibios!

Perdido está el caminante
sin remedio, está perdido.

martes, 30 de marzo de 2010

romance del perdido sin remedio (2)

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Busca cipreses el hombre
al tiempo que busca olvido.
No tiene nombre, lo tuvo:
lo perdió por el camino.
Si alguien le pregunta, duda,
pero, al fin, responde: “Amigo
que preguntas, qué te importa
mi nombre de fugitivo.
Tuve casa y tuve nombre,
ahora soy ave sin nido,
soy hombre sin nombre. Tengo
frío y sed, dame tu abrigo”.
Hay gente que le responde
y gente que echa el pestillo.
Camino del cementerio
tan cercano, su destino,
tanto da, nada le importa.
Entre locos y mendigos
la tarde va declinando.
Tiembla el aire. Fluye el rio.

lunes, 29 de marzo de 2010

romance del perdido sin remedio (1)

Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar

Un hombre por la vereda
camina. Va caminando
sin prisa, casi dormido,
al borde de los castaños,
con su sombrero de paja,
con su hatillo y sus zapatos
gastados de tanto andar.
Lentamente, paso a paso,
al borde del precipicio
camina —lento, despacio—.
Las estrellas son su techo,
un paraguas su cayado
y su cama, cuando duerme,
un lecho de acantilados.
Camina sin rumbo fijo
el caminante. Sus pasos
lo alejan, quiere alejarse
parte a parte, lado a lado.
El hombre busca cipreses
en la inmensidad del páramo.



domingo, 28 de marzo de 2010

cambio de hora

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Ahora que ya no sé si son la una
o las dos o la tres,
casi llena la luna,
casi domingo en rama;
ahora que te adormeces
mientras por la ventana
se filtran los efluvios del botellón cercano;
ahora, con el estruendo de la Eroica
corriendo por mis venas;
ahora, que ya te duermes mientras velo,
ahora,
precisamente ahora,
no quiero cambiar nada. Ni el horario.
Ya veremos mañana. Es decir,
hoy.

No descarto que quiera
cambiar todos los cambios que nos venden
con premeditación y alevosía.
Ahora, precisamente ahora
que no sé qué hora es,
tengo la sensación de que me están tomando
por idiota. Veremos.



sábado, 27 de marzo de 2010

Sobre sonetos y romances: Navarra nos educa el oído

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Navarra nos educa el oído
RAMÓN IRIGOYEN


"En la tarde del pasado lunes, organizada por el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Madrid, se inauguró, en el museo de la Ciudad (Príncipe de Vergara, 140), la primera edición de Navarra. Muestra de Literatura 2010. Sabiamente, en el lema se ocultaba que eran unas jornadas dedicadas fundamentalmente a la poesía porque ya se sabe que este género literario el pueblo llano, el pueblo en cuesta y el pueblo que nos parió y bautizó lo consideran lo que, con lenguaje ofensivo para homosexuales y resto de la sociedad, se llama una mariconada. Pero ¿es la poesía una estupidez sensiblera que pone en fuga al público? ¿Como los poetas, no tienen hasta los gángsteres, al menos, a ratos buenos sentimientos? Una parte importante de la poesía expresa los sentimientos de amor, odio, alegría y tristeza que experimentamos todos los seres humanos. Existe también la llamada poesía pura, que, en los años veinte del siglo pasado, se escribió, sobre todo -además de como loable experimentación literaria- como un extraordinario intento de lograr dormir a las ovejas con un somnífero inocuo. Y, en este terreno, el éxito de la poesía pura fue total en Occidente.

(…)

¿Cómo se logra llevar a 200 personas a escuchar poesía? La respuesta es muy sencilla: siendo un buen organizador de actos culturales. Es cuestión de elegir bien los participantes -en este caso, un conferenciante, Tomás Yerro, y un buen equipo de poetas- y de enviar el número adecuado de invitaciones a las personas interesadas en este tipo de actos. Es doctrina de Perogrullo. Pero no todos los organizadores de actos culturales la tienen asimilada.

El profesor y escritor navarro Tomás Yerro -nacido en Lerín, la patria chica también de Amado Alonso, uno de los grandes lingüistas y críticos literarios del siglo XX- hizo una prodigiosa síntesis de la historia de la literatura navarra. El poeta y novelista Jesús Mauleón demostró que sus sonetos del libro La luna del emigrante, escritos hace más de 40 años, siguen tan vivos como cuando los Beatles eran muy jóvenes. Jesús Mauleón debutó como escritor haciendo lo que tendría que hacer todo poeta y, por supuesto, también todo prosista: escribiendo sonetos que también podrían ser sustituidos por romances.

El rigor del romance y del soneto, de entrada, educa el oído del escritor y le enseña a sintetizar los contenidos del discurso. ¿Por qué hay tantos cientos de prosistas -incluidos algunos novelistas premiados con el Cervantes- que han escrito novelas, ensayos y artículos periodísticos cuyo ritmo es tan mejorable? Por una sola razón: porque no educaron su oído escribiendo versos. Hasta el siglo XIX, los escritores comenzaban su carrera escribiendo versos. ¿Les enseñan a escribir versos a los estudiantes de periodismo para que eduquen su oído?

El lunes, presentaron el número 25 de la magnífica revista Luces y sombras, J. Jiménez Reinaldo, H. Larretxea, H. Alústiza, T. Gutiérrez de Caviedes y Y. Sainz.

El martes, Javier Asiáin, Marina Aoiz Monreal y Jesús Munárriz engancharon al público con sus excelentes poemas. Hasta las ranas lo bailan. La educación del oído a través del verso hace que el ritmo del discurso -ya sea en verso o en prosa- fluya feliz o, para desdicha del lector, se encasquille".

El País, RAMÓN IRIGOYEN 26/03/2010

callejero, 38: calle de Bordadores

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Alienta el crimen
entre los bastidores.
Punto de cruz.

viernes, 26 de marzo de 2010

callejero, 37: calle del Arenal

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Escupen soles
músicos ambulantes.
Pasa un abuelo.

jueves, 25 de marzo de 2010

callejero, 36: calle de Coloreros

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Suda las tintas
de todos los ropajes.
Medias de seda.

miércoles, 24 de marzo de 2010

velatorio

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Vengo
de un velatorio
nada grave,
sólo un muerto
que me recuerda
a todos
los difuntos
que un día
se acordarán de mí.

martes, 23 de marzo de 2010

no hay cavidades blancas en las noches ardientes

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Estabas a mi espalda. Sentí un leve aleteo,
un aire
de alfiler en mis vértebras.
Adiviné tus ojos, esos vitrales góticos,
escudriñando, amor, mis cicatrices.
Me estremecí. La noche del amante
siempre está al borde del acantilado.

Me adentro, me sumerjo
en el profundo lecho de tu cuerpo,
rompo el frágil cristal que te resguarda
de ciertas intemperies
y te busco,
y te exploro,
y te navego
y nunca
llego al fondo de tantas cavidades oscuras.
Eres inexpugnable, guardas silencio,
callas
como callan los faros que alumbran las mareas.
Y dejas que me ahogue. O que me queme.
La noche del amante es un auto de fe.

Vestiré el sambenito, calzaré el capirote,
caminaré sin prisa hacia la hoguera
en que se han convertido tus abrazos,
calibraré con calma si prefiero tu llama o tu silencio,
despejaré la incógnita que puebla tus entrañas:
me dejaré llevar por tus ausencias.

No hay cavidades blancas en las noches ardientes.

lunes, 22 de marzo de 2010

credo

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Hace más o menos un año escribí este credo en el blog. Ahí se quedó, no ha sido publicado. El pasado jueves lo leí por vez primera en el recital “Versos para la construcción”, un acto en solidaridad con Chile celebrado en los Diablos Azules. Y hay gente que me lo ha pedido, así que lo vuelvo a colgar (con retoques mínimos).


Creo en todo lo incierto que remueve montañas,
en las incertidumbres de no saber mañanas ni fechas fijas en el calendario, en lo que va a venir sin esperarlo. Creo

en la fuerza imparable de las palabras dichas sin artificio alguno,
en el empuje de la inmensa masa de gente como yo
sin esperanza, con convencimiento (al decir del poeta).

Creo en la muerte como adiós a la vida sin lápidas ni cruces ni sandeces dichas solemnemente y a destiempo. Creo

en la soledad del hombre despojado de todos sus andrajos, renacido en los otros para ser uno y trino.

Creo en todas las cosas que dejamos al borde del camino por si alguien las recoge con templanza y las guarda en su almario.

Creo en ti, anónimo enemigo o indescifrable amigo, en todo lo que puedes hacer para cambiarme, para secar al sol tanta tristeza que no tiene motivo y sí remedio.

Creo

en que nada en el mundo es inmutable ni está escrito el momento en que ha de cambiar todo si así nos lo queremos.

Creo en la comunión de todos los que buscan y no encuentran, en el advenimiento de quienes han de hacernos solidarios sin mesiánicas dotes de profeta, en las palabras sin sentido llenas de sentimiento. Creo

en lo que puedo y en lo que no puedo,
en la resurrección de lo imposible,
en las calles abiertas, alamedas
que volverán a abrirse. Creo

en que se puede amar a mucha gente a la vez sin estar loco ni tampoco cuerdo, en los brazos de todos los abrazos, en la infamia de todas las mentiras, en el cuento sin cuento. Creo en las lágrimas que no afloran de golpe y se acomodan en el rincón inhóspito de tantos corazones, a la espera de salir a la calle y llorar de verdad. Creo

en que no hay nada mío, ni vuestro, y mucho menos suyo, que lo nuestro no debe ser un tropo impronunciable. Creo

en todos los locos. Creo en ti, creo en mí, creo en nosotros. Creo

que ha valido la pena haber vivido aunque haya tantas cosas por hacer todavía, tanta pena en los cuerpos y en las almas, tantas oscuridades que no acierto a alumbrar.

Creo en el hombre.




domingo, 21 de marzo de 2010

lo que queda

Lo que queda es el sitio en que cuelgo poemas que no he escrito yo, los que por una causa u otra me apetece compartir. Pueden ser lecturas de niño, poesía que me ha influenciado o poemas que encuentro en los blogs.


Por razones de pura economía funcional, a partir de ahora esos poemas los pondré también aquí. De momento, el blog queda congelado, por no perder lo mucho bueno que hay en él. Iré haciendo el trasvase poco a poco.

Perdonen las molestias.

viernes, 19 de marzo de 2010

buenas noches

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Ahora las calles duermen. Llegas tarde.
“Estoy cansada…”, dices.
Te aliño una ensalada y mientras cenas
me pongo a hacer la cama que dejamos revuelta
hace ya algunas noches. Yo sé por qué lo hago:
quiero que recuperes todas nuestras ausencias,
quiero que tengas todo lo que te he arrebatado,
todo lo que perdiste por estar junto a mí.

Hoy.
Justamente hoy.
Hoy te quiero querer.

Te extrañaba en la casa, en esta casa
en que nos alojamos
con todos nuestros muertos a la espalda,
quise escribir los versos más tristes esta noche
pero no supe dónde atrancar la tristeza.
Tan sólo te extrañaba, yo, triste, estaba alegre,
una extraña alegría, tal vez la de saberte
-tuya, lejana, libre, tierna-, siempre conmigo.

Hoy.
Justamente hoy.
Hoy te quiero querer.

Hoy te quiero cansada. No te rindas,
voy a dormir al lado
de tu lado escondido en los lejanos
bosques, para soñarte perdida entre los árboles,
para dibujar alas en tu cuerpo blanquísimo,
para que nunca vuelvas a encontrarte un sombrero
desnudo, sin cabeza, al despertarte. Y mañana

te sabré a café solo.
Sin leche. Buenas noches.

jueves, 18 de marzo de 2010

flor de pino


Te dirán que me fui lejos
pero un día volveré.
Carlos Mejía Godoy


Un día volverás, como las golondrinas,
al paisaje rotundo del verano,
a las dunas, a la casa del padre,
a los frutos maduros de los árboles,
a la penumbra amable, calurosa,
de todos los agostos; en tu cuarto
verás cómo adelgazan las sombras del manzano
cuando los campanarios toquen las ocho horas,
vendrán a recogerte los amigos, salías
a divertirte, moza
que todos los arrullos del mar acariciaban,
tu piel tersa, sin mácula, tan presta
a cualquier sobresalto como ahora no.
Y luego ibais sin prisa a ver romper las olas
hasta que amanecía y quedabas dormida
en el nido de un pájaro sin crías; verás
luego una mesa con pan y mermelada
y no podrás dejar de repetirte:
vuelvo a estar en mi casa,
en casa. No me fui.

Volverás como vuelve todo lo que está vivo,
todo lo que palpita, todo lo que te nace
en los repliegues de tu cuerpo, volverás,
tú volverás un día a aquellas tardes
en que no conseguías encontrarte las venas,
volverás al asfalto, al pobre de la esquina,
cuando ya barruntabas que ahora no es el momento
de volver, volverás, al infierno, flor de pino
al amor de la hoguera. No me fui.