jueves, 14 de mayo de 2009

soy otro

No sé si darle pábulo
a lo que voy oyendo por ahí:
que te acuestas conmigo,
no con otro.

Te lo digo
porque creo que no te has enterado:
yo soy otro,
no sé con quién me la darás si es cierto
que te acuestas conmigo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

vía muerta

Tú lo encadenas todo
y luego todo lo desencadenas.
Así son tus ausencias: eslabones
de material ignífugo,
llama esculpida en lágrimas,
ojos que nada buscan
y sólo encuentran cielo.
Un tren de cercanías
se eterniza en tu cuerpo,
un tren que pasa, pasa
y pasa
y nunca se detiene.

Dónde,
dímelo tú, en qué estación perdida
de entre tanta estación que va pasando,
me encontraré contigo.
No hace mucho soñaba con andenes,
ahora ya no es un sueño,
vivo,
carne de tren, sobre las vías muertas
de cualquier estación. Nuestra estación,
la tuya. Encadenado.

martes, 12 de mayo de 2009

silencio

E
L

SITIO

D
E

M
I

RECREO

lunes, 11 de mayo de 2009

viaje al centro

Bajemos juntos al túnel
dame la mano y vayamos
hacia el centro de la tierra
hacia el andén de la línea
del metro que nos adentre
en las bocas más oscuras
vayamos juntos no quiero
que te me pierdas ahora
en plena pena conmigo
quiero que viajes que duermas
en los vagones más sucios
esta fiesta se ha acabado
tampoco estoy muy seguro
de que haya empezado nunca
pero sí que suena el saxo
ese saxo que nos rompe
lo poco que no está roto
nos rompe el alma ese timbre
que sale de unas entrañas
amargas como cilantro
aguadas están las copas
los músicos tienen aire
de marcianos abducidos
se aburren con sus acordes
dame la mano vayamos
adonde el humo se esfume
adonde no llegue el llanto
ronco del saxo embriagado
vamos al vagón del metro
junto a las putas de hielo
junto al que vomita o llora
junto al traje gris que empieza
su jornada lamentable
y no sabe de tristeza
porque ya tiene bastante
vámonos ya está de más
se ha terminado esta noche
nuestra noche es más oscura
y tenemos que apurarla
como nadie como nunca
juntos vayámonos juntos
contigo lo dejo todo
escapar rabias adentro
a dentelladas salvajes
de esta jaula de leones
abandonar la jauría
adentrarnos en el bosque
perdernos en el infierno
abrasarnos en la llama
no tengas miedo aún es tiempo
de volver a donde nunca
de salir de donde nunca
de querernos como nunca
de nada nos han servido
tantas madrugadas limpias
ven ensúciate conmigo
vayamos juntos bajemos
las escaleras mecánicas,
vayamos juntos al centro
de la noche o de la tierra.

domingo, 10 de mayo de 2009

ventanas, 13

Llueve. Dormita.
En los cristales turbios,
lluvia. Domingo.

sábado, 9 de mayo de 2009

despojamiento

Rompe en mí.
Rómpeme,
que me arrastre tu furia
lejos, hacia otros mares,
hacia la luz ambigua
donde yacen
los que fueron mis muertos.
Sí, roca fui.
Ahora ya no soy más
que tierra movediza.

Rompe en mí,
mi mar mío,
llévame entre tus olas
adentro, mar adentro,
donde esperan
mis náufragos perdidos.

Rompe en mí,
rómpeme,
hazme entero pedazos,
pedacitos
de pez descongelado.
Haz de mí lo que quieras,
oh mar, mar,
sálvame.

viernes, 8 de mayo de 2009

hoja en blanco

Tendré que verme contigo
un día de estos y hablar.
Hablar de qué.
De mirarnos.
Y qué veremos.
No sé.

Fueron pasando los días
y nunca la volvió a ver.

jueves, 7 de mayo de 2009

horóscopo

Tuvo niños efímeros, etéreos,
hijos que rebosaban vida propia.
Él nunca supo desvelar la niebla
de sus adolescentes hermetismos,
eran sus hijos, daba por sentado
que más o menos fueran como él.
Pero la vida viene como viene
y así se fue la vida de sus hijos
sin que el hombre llegara a darse cuenta.

Si supieron qué hacer con su futuro
lo saben las estrellas, no el poeta.

miércoles, 6 de mayo de 2009

en el parque

Que llueva que llueva,
la Virgen de la Cueva…


Corre un niño
descalzo por la hierba,
sube al columpio, lleva
toda luz del mundo en su mirada
limpia, confiada.
Un perro mueve el rabo
alegremente,
dos abuelas
tejen y tejen sin parar.
Miro hacia atrás:
el columpio me eleva
hacia la luz perdida
del jardín de mi infancia.

Que sí, que no,
que caiga un chaparrón…

martes, 5 de mayo de 2009

ventanas, 12

Hoy cumplí años.
Mis nietos y mis choznos
lo festejaron.

lunes, 4 de mayo de 2009

el patio del colegio

Era todo muy triste, eso lo supe luego.

Íbamos al colegio con aquellos
pantalones tan cortos y una prenda algo extraña
con forma de corbata que se ataba
con una goma elástica. En el patio, el recreo
era un parque temático pero sin luz eléctrica.
Bailábamos peonzas, jugábamos al clavo,
a carreras de chapas que entonces cotizaban
tanto o más que un cincuentín de oro,
a veces al pañuelo, siempre al futbol
con balones de trapo, cada vez con un líder
por bando que era el rey de la fiesta.
Llovía sin parar, todos los días,
una lluvia tenaz, torpe, liviana,
que empapaba la ropa, los chalecos de lana
que mi madre tejía con orgullo de madre.

Todo era triste entonces, pero yo lo ignoraba,
yo era un niño feliz a pesar de los curas.
Era normal que cada invierno dieran
la vuelta a los abrigos, y cada primavera
una modista gorda, muy risueña
y con muslos morbosos a mis tiernas miradas
cambiara a las camisas los cuellos y los puños
desgastados. Los amigos
–ya nos vamos muriendo– eran algo intocable,
para toda la vida. En el cine estrenaban
una película cada dos o tres meses.
Y odiábamos la copla. Más que nada
porque no era sencillo odiar en aquel tiempo:
el odio era pecado y, aunque tampoco eso lo sabía,
te podía costar serios disgustos y algún año de cárcel.

Todo era triste, pero yo me alegraba
los días de mi santo, cuando me regalaban
un libro de Salgari o de Guillermo Brown,
cuando se iba la luz y buscábamos velas,
cuando apagaba velas en los cumpleaños
y me daba un festín de ensaladilla rusa y pollo asado
y una tarta de hojaldre recién hecha en el horno
del obrador cercano. Me alegraba
con cualquier tontería, y aún recuerdo
que me reía mucho, sin ton ni son a veces.
Tenía una guitarra pequeñita y, escondido,
cantaba a las visitas antes de irme a dormir.

Todo era triste, eso lo supe luego.
Todo era triste entonces y sigue siendo triste,
lo malo es que ahora sé lo que antes no sabía
y siento un malestar tripas adentro
cuando pienso los tiempos felices de mi infancia.
No puedo ser feliz. No quiero
haber sido feliz. Sigue lloviendo
y ahora el agua me cala hasta los huesos.
No tengo en la cabeza más que muertes
de efectos especiales,
algunos muertos vivos y una cierta, muy cierta
sensación de vacío. Muchas veces
me despierto en la noche envuelto en nieblas
de traición o de olvido. Me tomo dos pastillas
y consigo dormir, mañana vuelvo
al patio del colegio, allí están todos.

domingo, 3 de mayo de 2009

se acerca el ocaso

El cielo azul anuncia primaveras
pero llueve de otoño
y tengo infiernos en mi corazón.
Lo del cambio climático va a ser cosa
de tomárselo en serio:
se me perdió el verano en pleno agosto,
en mi casa de campo
me envuelvo en mantas y acumulo leña
junto a la chimenea.
Tan próximas, tan cerca, las luces del ocaso
van cargadas de pájaros que vuelan
hacia el refugio de una rama cálida,
hacia la noche, alguno.
Y siento que anochecen todas las estaciones.

sábado, 2 de mayo de 2009

paisaje interior

En el pueblo dos calles.
En la calle primera
una esquina y dos cables;
dos cables y un esquina
en la segunda calle.
En la esquina un bordillo,
en el bordillo, nadie.

Siempre la misma esquina.
Un perro se pasea
por la acera de enfrente,
la que no tiene esquinas,
la que no tiene gente.
Un perro solitario
rumbo a ninguna parte.

Es un pueblo perdido.
Es mi pueblo: prefiero
que no tenga habitantes
ni huellas ni recuerdos
ni un solo escaparate.
Tampoco un cementerio:
yo no voy a enterrarme.

Levanta polvo el viento.
Arrastra muerte el aire.
No sale en ningún mapa,
mi pueblo se ha perdido
en la tierra de nadie.
Por mucho que me busque
nunca podré encontrarme.

viernes, 1 de mayo de 2009

parda la luz de abril

Eran tres los amigos
y aquella tarde no fueron al colegio.
Cogieron sus patines,
se fueron patinando a los chalets de afuera.
Por suerte para ellos no llovía
y pudieron sentirse enteramente libres.
De repente, un estruendo. Mira
hacia atrás el más ágil de todos:
un muro ha sepultado a su mejor amigo.

Fue la primera vez que me miró la muerte
cara a cara. Tenía doce años, ni una lágrima
se me vino a los ojos. La primera
que pisé un hospital, que vi ataúdes,
la primera que supe que los padres lloraban.
Yo no lloré. Negué,
simplemente negué que hubiera muerte.

Hoy todavía,
cuando ya me han pasado tantos muertos,
aún lo sigo negando, tanto siento
su aliento en mi costado cada día.
Aunque ahora sí que lloro.
Han sido muchas muertes, demasiadas,
y yo sigo viviendo. Mi agonía
es tener que fingir que estoy alegre,
qué menos puedo hacer por los que tanto fueron.

Es abril, entonces era invierno.
Me da igual, hoy sí llueve
y la luz de la tarde
es más parda que nunca. Suaves lluvias
me nublan la mirada.