sábado, 14 de marzo de 2009

nuestro horóscopo

Vida mía: tú eres Leo
y yo soy Virgo de libro.
Somos dos casas eclípticas
y un designio.

Leo: león de Nemea,
tu piel fuera impenetrable
si no fuera por sus poros
inquietantes.

Virgo: que los rayos lleva
del propio sol en sus brazos,
tan sólo quiere ofrecerte
sus relámpagos.

Somos dos constelaciones
perdidas en espacio
inmenso que hay de tus dientes
a mis labios.

Virgo y Leo:
la guerra de la galaxias
dio paso al asentamiento.
Leo y Virgo
son dos hombres y un destino.

Somos de distinto signo
y no.

viernes, 13 de marzo de 2009

leo en la cama

Hace bastante tiempo que no abro ningún libro.
Leo tu cuerpo y basta. La lectura de cuerpos
proporciona placeres ciertamente carnales,
pero también cultiva el intelecto.
Paso con parsimonia cada página
y en ellas me demoro. Unas hablan de mares
y tesoros ocultos, otras guardan
argumentos que nadie ha imaginado antes.
Hay líneas que pudieran ser de novela negra
y otras que están repletas de aventuras o viajes
a rincones que tienen el blanco de tu blanco
y nada más. No es poco. Yo aprendo a cada instante
texturas que no tienen los papeles,
son texturas de piel en viva carne.
Y me gusta su olor, el olor a librero
de las estanterías de tu cuerpo. A veces
cierro el libro de golpe y te me enfadas,
pero lo más frecuente es que me duerma
con lentitud, sin prisa alguna, entrando
en el sueño contigo y con tus lomos.
Tu cuerpo es un relato interminable.
Y como cualquier cuento de aventuras
de los que frecuentaba antes de ti,
no quiero que se acabe.

jueves, 12 de marzo de 2009

campo minado

Planto besos de amante
en la triste maceta de una tarde.

Planto grises colgantes de silencio
bajo la piel de tu papel sin término.

Planto a tientas caricias temblorosas
en el hueco que forman tu ausencia y mi memoria.

Es el campo minado
que te espera si vuelves a mi lado.

miércoles, 11 de marzo de 2009

credo in unum hominem

Creo
en todo lo incierto que remueve montañas, en las incertidumbres de no saber mañanas ni fechas fijas en el calendario, en lo que va a venir sin esperarlo. Creo

en la fuerza imparable de las palabras dichas sin artificio alguno, en el empuje de la inmensa masa de gente como yo sin esperanza, con convencimiento (Ángel González vive). Creo

en la muerte como adiós a la vida sin lápidas ni cruces ni sandeces dichas solemnemente y a destiempo. Creo

en la soledad del hombre despojado de todos sus andrajos, renacido en los otros para ser uno y trino. Creo

en todas las cosas que dejamos al borde del camino por si alguien las recoge con templanza y las guarda en su almario. Creo

en ti, anónimo enemigo o indescifrable amigo, en todo lo que puedes hacer para cambiarme, para secar al sol tanta tristeza que no tiene motivo y sí remedio. Creo

en que nada en el mundo es inmutable ni está escrito el momento en que ha de cambiar todo si así nos lo queremos. Creo

en la comunión de todos los que buscan y no encuentran, en el advenimiento de quienes han de hacernos solidarios sin mesiánicas dotes de profeta, en las palabras sin sentido llenas de sentimiento. Creo

en lo que puedo y en lo que no puedo, en la resurrección de lo imposible, en las calles abiertas, alamedas que volverán a abrirse. Creo

en que se puede amar a mucha gente a la vez sin estar loco ni tampoco cuerdo, en los brazos de todos los abrazos, en la infamia de todas las mentiras, en el cuento sin cuento. Creo

en las lágrimas que no afloran de golpe y se acomodan en el parque inhóspito de tantos corazones, a la espera de salir a la calle y llorar de verdad. Creo

en que no hay nada mío ni vuestro, y mucho menos suyo, que lo nuestro no debe ser un tropo impronunciable. Creo

en todos los locos. Creo en ti, creo en mí, creo en nosotros. Creo

que ha valido la pena haber vivido aunque haya tantas cosas por hacer todavía, tanta pena en los cuerpos y en las almas, tantas oscuridades que no acierto a alumbrar.

martes, 10 de marzo de 2009

el escribiente, una noche

Anda cavilando almohadas.
Ventila alucinaciones.
Los puntos bajo las íes,
parda mordaza.

Esparce ingeniosas trampas
que las palabras esquivan.
Los puntos suenan aparte,
negra coraza.

Nunca se fijó en las ramas
que penetran sus paredes.
Hoy son puntos suspensivos,
gris amenaza.

Esta noche el viento canta
el cantar de los cantares.
En punto suenan los puntos,
ocre tenaza.

Aventura frases vagas,
apuntala algunos tropos,
apunta puntos perdidos,
roja carnaza.

Ya se inquieta, se levanta
de su silla el escribiente;
el punto y coma se esconde,
morada caza.

La mano que flota ahogada
sobre la página en blanco.
Los puntos ya son finales:
blanca mortaja.

lunes, 9 de marzo de 2009

no puedo escribirte

Quiero escribir tu nombre, pero me salen otros
que me suenan a ti sin llegar a ser tuyos.
Los dedos se me enredan al hilvanar vocales
con unas consonantes que no huelen a ti
ni conforman las dulces sílabas que pronuncio
cuando digo ese nombre que no puedo escribir.

Ay, mi doncella amable, ayúdame a nombrarte.
Dar con el nombre exacto de las cosas no es fácil
y el tuyo está en mis manos, tan hermoso y preciso
como el trazo de luz que deslumbra mis ojos
al filtrarse atrevido por la rendija mínima
que anoche nos dejamos al apagar la luz.

Se me pasan las horas tachando nombres vacuos
como aurora, reposo, candil, rosario, huerto,
fortaleza, templanza o abstinencia. Virtudes,
palabras que emborronan la sencilla, sonora,
tremenda infinitud de tu pequeño nombre,
tan pequeño que elude cualquier caligrafía.

Y te nombro en mis sueños, y te nombro despierto.
Pero nunca te escribo. No puedo soportar
tanta impotencia, dime, dime tu nombre, grita,
escríbelo conmigo, para ti y para mí.
Te escribo amor, tu nombre es amable y amante,
lo sé, no estoy muy lejos, pero me faltan eles.

Eles como olivares, eles de adioses y olas,
eles elefantiásicas, eles liliputienses,
eles que vuelen solas, eles sobre tu espalda,
eles aladas, hélices eles verticales.
Y las eles se enroscan como lianas o lunas
que destrozan las bielas del motor de tu nombre.

Tengo un collar de sogas, la soga de tus sílabas
la siento en mi garganta. Más prefiero ser mudo
que ser ágrafo, soga cual nudo corredizo,
nudo gordiano al cuello que acabará asfixiándome
antes de que consiga acertar con el hacha.
Quiero escribir tu nombre y escribo sólo almez.

domingo, 8 de marzo de 2009

en el día de la mujer (trabajadora)

Eso de que haya días de cualquier cosa todos
los días es algo que abomino.
Y, sin embargo, adoro a las mujeres aunque tengan su día.
Pero más, mucho más, cuando no tienen
el día. Una mujer que llora me enternece.

(Ya sé que dicho así suena algo rancio y, desde luego, ajeno al techo de cristal.
Pero escuchen la historia de alto voltaje vejatorio –indigna,
aunque no censurable en los tiempos que corren–
que pudiera escribir cualquier cretino pero la he escrito yo, miren por dónde,
un poco porque sí, porque es muy cierta, y
otro poco tan sólo por llevar la contraria a la estulticia gubernamental).

“Llegó montada
en una Harley-Davis de enorme cilindrada
con enormes espejos. Unas gafas
ocultaban sus ojos almendrados.
El pañuelo que ataba a su barbilla
no era de mercadillo, y el pantalón pitillo
de cuero abrillantado tampoco parecía
ser de segunda mano. Me enamoré al instante.
¿Nos damos una vuelta? Dijo: sí.
Un ruido atronador fue lo primero
que recuerdo de ella. Luego, la lejanía.
O yo me expliqué mal o no pudo escucharme,
porque en vez de una vuelta se dio la media vuelta
y se fue como el sol cuando muere la tarde
envuelta en gases y batir de alas.
El último recuerdo fue el peor:
no me enseñó sus dientes.

Hoy, en mi cotidiano paseo en bicicleta,
me ha atropellado un coche de alta gama.
De su asiento trasero
saltó un mastín que me llenó de besos y de babas.
No pude remediarlo: aunque estaba maltrecho,
malherido, furioso, me enamoré al instante
nuevamente. Esta vez he acertado,
estoy seguro de ello. Siempre he dicho
que más vale buen perro que perrita faldera
en pantalones”.

Lo políticamente correcto no es lo mío, es fácil deducirlo.
Pero insisto: adoro a las mujeres
aunque tengan su día, como el libro o el agua.

sábado, 7 de marzo de 2009

larga vida al rock and roll

Como decía, hay gente para todo.
Y yo soy una de esas personas ambidextras
que por nacer nací fuera de tiempo,
pero no por exceso: por defecto.
Me pasan cosas raras sólo porque llegué
unos segundos antes de sonar la campana.
Por poner un ejemplo: así como hay quien lleva
varios relojes en cada muñeca o calcetines
de colores distintos y chillones
en los pies, yo tengo por costumbre
ponerme cada día dos pares de zapatos
a la vez. Con uno de ellos ando, que es lo suyo.
El otro me lo pongo de sombrero
y me lo quito al paso de una dama.
Son cosas de la edad, seguramente,
de ese estar para todo y para nada
que arrastra cualquier tipo que no vive a su tiempo:
soy un viejo algo excéntrico y chapado a la antigua,
por más que me apasione aceptar a las chicas
una copa en el Honky mientras rompo columnas
y esqueletos (el mío) al excitante ritmo
de una banda de rock a todo trapo.
Esto del rock and roll es lo que tiene,
que te olvidas de todo. Larga vida
tengamos mis zapatos, el rock and roll y yo.

viernes, 6 de marzo de 2009

ventanas, 7

La torre de Babel
en dos mitades:
en la otra estaba ella.

jueves, 5 de marzo de 2009

Pandora

De la palabra
cuelgan silencios
y caen como podridas
las manzanas.

En la palabra
se ahuecan los rincones
que alojan todo el miedo.

A punto está de abrirse
la caja de los truenos: será entonces
furiosa la palabra
de la bestia dormida.
Y domaré tu nombre en pleno en grito.

miércoles, 4 de marzo de 2009

desasosiego

No puedo acostumbrarme
al silencio ominoso de la tarde.

El rojo atardecer que fue tu pelo
anochece de golpe. Tengo miedo.

Me despierto sin dar las campanadas
y emborrono acuarelas que no son ni fantasmas.

No puedo convencerme
de que ya no estarás cuando regrese.

martes, 3 de marzo de 2009

bodegón sin búcaro

Una mano en el pecho,
un pecho en la cabeza,
una cabeza entera
mente hueca.

Un dedo sin espinas,
una espina sin rosa,
una rosa furiosa
mente roja.

Una rama en el árbol,
un árbol en la mano,
una mano tan triste
mente seca.

Los perfiles de un bodegón en sombra:
manos, rosas, cabeza, dedo, espina
se alojan descarnada-
mente en ti.

lunes, 2 de marzo de 2009

casi una oración

Cuánto te añoro,
fantasma en vuelo,
veleta loca
que giras a merced de cualquier viento.

Todos mis mares
son trampantojos,
lagar de uvas y sed.

No hay sitio en ti.

domingo, 1 de marzo de 2009

ser nada y tú

Quiero ser ciego y recorrer a tientas
todos tus recovecos, tus heridas,
todos los hospitales de tu cuerpo.

Quiero ser ciego.

Quiero ser mudo y decirte los dedos
que me sobran, las uñas que rebañan
codiciosas los surcos de tu cuerpo.

Quiero ser mudo.

Quiero ser sordo y escuchar sin riesgo
de ahogarme los torrentes de tus venas,
los ecos intangibles de tu cuerpo.

Quiero ser sordo.

Quiero ser ciego, mudo, sordo, nada,
para ser sólo tú y tus circunloquios.
Quiero estar sin estar. Y tengo miedo:

quiero ser tú.