viernes, 13 de febrero de 2009

ventanas, 5

Si preguntas
que si me lo preguntas
te diré
que no me lo preguntes.

jueves, 12 de febrero de 2009

lamento de un funámbulo

El blanco rebozo de la blanca sábana.
Ya va amaneciendo. Mece la alcancía
su triste lamento cerca de la puerta.
Una desbandada

de pájaros súbita aligera el vuelo
hacia otros rincones. Huyen de nosotros:
no hay en nuestras ramas lugar para trinos.
Cuerpos desplumados

tras el armisticio de una noche en calma,
cuerpos maltratados, lamen sus heridas.
El tuyo y el mío. Tu cuerpo, mi cuerpo,
hilvanan su afán:

convertir la arritmia en compás exacto,
alentar escalas sin ningún anclaje,
subirse a la parra de una frase inhóspita
en noches sonámbulas,

hacer equilibrios en la cuerda floja
que mantiene unidos los vientres hastiados,
sentir en la nuca besos estampados
con una cuchilla,

avivar rescoldos que no serán lumbre,
dar pasos en falso, hablar por hablar,
hacer de la vida un eterno bucle
de usar y tirar.

Tensa bien la cuerda. Ya no hay nada.

miércoles, 11 de febrero de 2009

vivir consiste

Se levanta con gesto imperceptible y anda,
para no despertarme, casi como gata
que abandonara el lecho de mis pies,
lentamente
se echa la bata encima y descorre
los visillos. El sol
se filtra apenas.

Viene como un olor extraño a salitre y algas,
algún murmullo que ayer no se escuchaba
que se entremezcla con algo que he soñado y que
ya no recuerdo.
Que no recuerdo ya.

(Amar consiste sólo en huir detrás de un sueño hasta reventar).

Ahora ya todo huele a café y tostadas,
me roza suavemente y dice: Buenos días.
Sueño que estoy dormido, se revientan
como de golpe
las penas en mis venas y no sé
ni cómo ni por qué
llegué a esta habitación,

cómo y por qué me encuentro en esta mesa ajena
en cuya superficie negra he derramado
todo el café. Intento levantarme y no
puedo moverme,
no me puedo mover.

(Amar consiste sólo en huir detrás de un sueño hasta reventar).

Ella viene, me besa con tristeza y ríe.
Azul es su sonrisa como dios, como el cielo.
Ya amaneció. Pregunta por mis sueños, yo
no sé si duermo
o estoy despierto ya.

Vivir consiste sólo en huir detrás de un sueño hasta reventar.

martes, 10 de febrero de 2009

otoñal

Hoy detengo mi vista en la marea
apenas intuida, iluminada
por la luz otoñal –ya cae la tarde–,
mientras manos tan blancas
encadenan momentos intangibles.
Manos que no acarician,
que no estrechan avaras, sólo dicen
lo que quieren decir: qué azul,
qué infinitud de mar abierto.
Me aturde contemplar tanta belleza
que no puedo alcanzar.

lunes, 9 de febrero de 2009

autorretrato

Tengo por cabeza dos zapatos huecos
y un altar con zuecos es mi corazón.
Ando y mientras ando los números cantan
y no me levantan ni dios ni el amor.
Ayer aún soñaba pájaros sin cuento,
hoy estoy despierto pues no sé dormir.
Me faltan los dientes que el tiempo me roba,
soy como una escoba. Me siento infantil.

Nunca voy a misa, nunca me confieso,
soy bastante obseso y algo sexual.
Grito en el silencio, callo en la algarada,
no me importa nada, todo me da igual.
Vivo con el pueblo sobre una escalera
y de esta manera ya se puede ver
cuál es mi carrera, cuál es mi talante;
soy un militante pequeño burgués.

domingo, 8 de febrero de 2009

ya te vale

Ir contigo al mercado
es como pasear
por los Campos Elíseos.
Compras dos bogavantes
(esos bichos que luego regalas al portero)
y mientras buscas cambio preguntas al tendero
por sus hijos. La cosa tiene mérito.

Si en verdad paseáramos por los Campos Elíseos
o la rue Tivolí –oh, Paris c’est Paris!–
seguro que comprabas un sombrero
exclusivo, carísimo, de fieltro
con diamante incrustado estilo Louis Vuitton.
Y eso me gusta menos. Me apasiona
ir contigo al mercado, ya te vale.

sábado, 7 de febrero de 2009

también las crisálidas buscan su ataúd

Finalmente sentados,
barro, arcilla,
nuestros cuerpos desnudos
esculturas grotescas,
móviles, mancilladas,
esculturas tal vez
sencillamente postmodernas,
polvo bajo la lluvia
en medio de un silencio
sucio, silencio amarillento
–cobarde es la palabra–,
lodo, sí, barrizal,
esclerótico
y un grito electrizado
invadiendo neuronas
una vez más en pleno
deterioro.


Más tarde aquella ráfaga
de plomo, aire sería,
nos adentró sumisos
en el mismo epicentro
de otras gentes perdidas.
Yo tuve miedo y tú
simplemente aferraste
mis manos temblorosas
y así, juntos y sucios,
vagamos cierto tiempo
buscando yo no sé,
acaso tú lo sabes,
buscando una quimera,
oro, oro,
buscadores de oro
en California éramos:
por eso enlodazados
y en el pecho colgando
una medalla,
en tus pechos diamante,
en mis huesos un trozo
de metal.
...Mas el agua,
llegó el agua una tarde.
Aquel abedul triste
fue atravesado al pronto
por el sol otoñal
y fue súbito el vuelo
de los agazapados
mirlos blancos.
(Qué anacrónico todo).


Oh, prodigio de fe,
Oh, nostalgia bendita!
Desnudos, desvalidos,
desvencijados cuerpos,
un torrente de hálitos
brotando en las galaxias,
milagrosa presencia
de horizontes.
Años luz recorrimos,
el barrizal de antaño
es hielo luminoso,
lacerante. Nacimos
en días venideros:
no son estos momentos
propicios al recuerdo.
Estatuas, sí,
pero después de todo
cinceladas en plata,
bellas en fin, llamadas
a ocupar su lugar
en el museo,
que suscitan sosiego,
que reclaman un alto
al visitante. El mármol
de los ojos, admirables,
se adueña de las salas.
Yo, sentado a tus pies
en escabel asiático...
Es una obra maestra
nuestro grupo escultórico
en la vitrina tenue.


...Somos ninfas, crisálidas,
gusanitos de seda,
espinas de un rosal
no florecido aún.
Pero yo estoy contigo.
Digo.
Me desdigo.
Contigo no,
estoy en ti, soy yo
tu propia espina.
Somos un puro embrión,
boceto apenas, tímida
pincelada de luz:
el cenit no es lo nuestro,
pero tampoco es cosa
de andar buscando a ciegas
la alborada. Lo dije:
ninfas somos, crisálidas
buscando un ataúd
–Oh dios, qué injusto eres–
porque quién va a negarme
que también las crisálidas
mueren a veces, mueren
sin alcanzar la luz.

viernes, 6 de febrero de 2009

poeta en red

Cuanto más te malogras, logras más,
le dijo un buen amigo al malogrado.
Dio vueltas al asunto
aquel escritorzuelo (que colgaba
sus versos en la red con tuconmacia)
y acabó concluyendo
que no quedaba mal el apotegma.
Desde entonces se afana con esmero
en escribir no dos: cinco seis, siete
versos por día.
Volvió a ser otra vez poeta en ciernes.

jueves, 5 de febrero de 2009

penitencia

Cuando enfermé de ictericia me extirparon las amígdalas.

(Con María de Magdala subo el Calvario
y sus catorce estaciones de itinerario.)

Cuando me rompí el tobillo me sacaron una muela.

(De san Judas Iscariote me pongo al lado
a ver los clavos del Cristo crucificado.)

Cuando tuve divertículos me hice una colectomía.

(Con toda mi fuerza arrojo contra el costado
lanzas que son los despojos del buen soldado.)

Cuando me duele la vida me vendan el brazo izquierdo.

(De la santísima virgen guardo un sudario,
la santa sábana blanca de mi rosario.)

Cuando me duele la muerte, no hay remedio.

miércoles, 4 de febrero de 2009

tras una lectura poco recomendable

(Les daré un buen abrazo. Si es que vuelvo,
eso nunca se sabe).

“Hoy me han vuelto a robar, dijo Bill.
Las gafas y una navaja de bolsillo.
Sospecho que esa gente, buena gente,
que halaga mis oídos y enciende mis pasiones
no es tanto de fiar como pensaba.
Para empezar, no me los imagino
dándose; como mucho se prestan, y eso a cambio
de alguna pretensión inconfesable.
No me quedo con nadie, por mucho que apetezca
no estar solo lo estás. Y yo, a lo mío”.

Será que me he apuntado al solipsismo,
porque estoy muy de acuerdo con Bill Burroughs
en estas confesiones que hace a su amigo Ginsberg:
yo soy yo, sólo yo, por más que quiera
ser otro o estar otro. Eso que él llama
buena gente, al fin y al cabo mamarrachos
que juegan a vivir unos con otros,
te abrazan y se olvidan. Hace tiempo
yo jamás olvidaba un buen abrazo,
hace ya mucho tiempo, ahora me he acostumbrado
a las hipocresías y convivo
con ellas como con los moscones o la mierda.

Claro que esto lo digo, solipsismos aparte,
después de haber leído cartas de la ayahuasca
en una tarde inhóspita que invade
de invierno todo el cuerpo,
de ausencia que me duele hasta hacer sangre.
Me atenaza
cierto desvalimiento de esos que desazonan
al tipo más pintado, y yo no lo soy tanto.

Pienso: tan sólo es un paréntesis,
aquellos que alentaron mis anhelos
para luego dejarme en la estacada
volverán algún día, es un pequeño bache
en el camino. No lo sé. Si vuelvo alguna vez
o si ellos vuelven (eso nunca se sabe)
habrá que tomar nota.

Y serán mis abrazos los del oso,
sólo que menos fuertes.

martes, 3 de febrero de 2009

ventanas, 4

La sorpresa entre los dientes:
un bocado de caballo
o de príncipes de Oriente.

lunes, 2 de febrero de 2009

Y sigue el frío

Hoy leí en el periódico que un árbol centenario
ha sido derribado por el leve latido de tu aliento.

No sé quién lo plantó, el parque está cubierto
por esa nieve blanda de la tarde
y las huellas del hombre que transita cubierto con su gorro
de lana y su bufanda y sus gafas de sol
no se ven, sólo suenan sus crujidos de hielo.

No guardo en mi memoria, por mucho que comprima
imágenes y datos, el nombre de los árboles que mueren
ni el de quien los plantó. Pero llevo escafandra
por si acaso me pides que penetre en las aguas
del lago cristalino. Yo lo haría
por ti. Tú no lo harías, siempre te has sumergido
a pulmón limpio, sé que no vas a hacerlo por mucho que lo pida.

Hay ojos que son ojos y ojos que son miradas.

Tu mirada escudriña las vías de los trenes que se pierden
o
la desembocadura de los ríos en la densa neblina
o
el deforme revuelo del carnaval que llega
o
el armario que tienes que desmontar mañana
o
el desorden que campa por tu nuevo aposento
o
las flores que sabes que no van a brotar.

Pero
no son los ojos que miran a los míos,
tus ojos. Yo estoy ciego,
mis ojos sin tus ojos no son ojos,
y si alguna vez miran lo hacen hacia otra parte
para no atravesarte, para no estremecerte,
para no molestarte, para no ser de ti.

Haz leña con mi cuerpo. Te daré así calor
y entenderemos que ha valido la pena.

Con el leve latido de tu aliento derríbame,
sálvame del invierno.

callejero: carrera de San Jerónimo

Echó a correr:
al verlo, los leones
fueron tras él.

domingo, 1 de febrero de 2009

soneto a mí mismo / y 2

Estoy enamorado de mí mismo,hay tantas cosas
en mí tan deliciosas…
Walt Whitman
Me gusta dar la nota. No comprendo
cómo pude escribir ayer un canto
que acabó siendo un himno al desencanto,
un manifiesto inicuo, un vil remiendo.

Fue todo un desatino. No lo entiendo.
No estoy triste ni solo, tengo encanto,
doy cuanto soy, pero recibo tanto
que me paso la vida recibiendo.

Y una tarde de enero, enfurruñado,
me da por perpetrar un sonetucho
totalmente anacrónico, esquinado.

No me puedo quejar, soy más bien ducho
en el arte de amar y ser amado.
Es la pura verdad: me quiero mucho.